Un nuevo estudio de UC Irvine y UCLA desafía nuestra definición de éxito Por Mitch Moxley parte 1

El estudio reveló que los padres mexicanos valoran mucho la educación, pero que su marco de logros académicos es menor al de los padres chino-estadounidenses.

Para los padres Mexicanos es muy importante terminar la preparatoria, tal vez ir a la Universidad—pero no necesariamente a una de élite—y tener algún tipo de carrera. Los Mexicanos que aspiran a una mejor educación, de acuerdo al estudio, buscan buenas Universidades dentro del área de Los Ángeles, y a menudo se ubican en Universidades Públicas en sus mismos vecindarios.

Debido a que muchos padres Mexicanos tienen un nivel relativamente bajo de educación, ellos no estuvieron tan bien equipados para ayudar a sus hijos a obtener el éxito como los padres Chino-Estadounidenses.

“Mi madre nunca me dijo que necesitaba sacar una A, ella me decía, haz lo mejor que puedas,” le comentó a los investigadores Nadia, una estudiante de 28 años de segunda generación de Mexicanos-Estadounidenses quien está estudiando para obtener su Maestría en Educación. Nadia fue la primera persona de su familia que fue a la Universidad y que decidió estudiar una Maestría, aun cuando sus padres no entendían para qué estudiaba una Maestría.

Lee descubrió que los Mexicanos-Estadounidenses de segunda generación que habían obtenido un mayor nivel académico, habían solicitado recursos públicos (programas, clases) en sus escuelas para aprender cómo aplicar a una Universidad. Muchos también tenían a algún maestro, consejero, guía o entrenador que los alentó y les ayudó a completar el proceso de inscripción a una Universidad.

Consideremos a Camille, una de las personas que participó en el estudio. Ella es una Mexicana de 27 años y de segunda generación que obtuvo una Licenciatura y una Maestría en la Universidad del Sur de California, los padres de Camille llegaron a los Estados Unidos como inmigrantes ilegales y trabajaron en fábricas de ropa. Sus padres querían que ella y su hermana gemela fueran a la Universidad pero no tenían forma de mandarlas.

Después de terminar la preparatoria, las hermanas gemelas fueron a una Universidad Pública Local, en donde Camille conoció a una consejera que la guio durante todo el proceso de admisión y durante sus cuatro años en la Universidad. Después de que Camille fue aceptada en la USC, la consejera visitó a sus padres para convencerlos acerca de las ventajas de permitir que su hija dejara la casa para ir a la escuela. “Ella realmente se lució,” comentó Camille.

El punto clave del estudio, dice Lee, fue el de replantear el debate acerca de lo que significa el éxito.
“Queríamos entender cómo es que la posición y el estatus de inmigrantes de los padres, cómo es que su nivel de educación, cómo es que todos estos factores ayudan a moldear el marco de éxito de la segunda generación,” agrega Lee. “Realmente queríamos replantear el debate acerca del éxito”.

Lee dice que en los Estados Unidos, los Asiáticos-Estadounidenses se benefician de una amplia creencia cultural de que los “Asiáticos-Estadounidenses son excepcionales”—que los Asiáticos son inherentemente más brillantes y más trabajadores que otros—mientras que los otros grupos, tales como los Mexicanos-Estadounidenses y los Africanos-Estadounidenses son sujetos a estereotipos negativos.

En las Universidades élite de los Estados Unidos, los Asiáticos-Estadounidenses forman un porcentaje desproporcionado de la población de estudiantes. Aun cuando solo abarcan el 5.5 por ciento de la población de los Estados Unidos, los Asiáticos-Estadounidenses están por debajo de una quinta parte de los alumnos que ingresan a escuelas tales como Harvard, Yale y Princeton. En Berkeley, una Universidad de California, forman el 43 por ciento de los estudiantes, pero son el únicamente el 13 por ciento de los estudiantes del Estado. Los padres Chinos también definen al éxito de forma estricta e invierten sus recursos para que sus hijos e hijas lo obtengan. (Esta es la razón también, comenta Lee, por la cual no se ven a muchos Chino-Estadounidenses en carreras como la escritura, la actuación, la moda y el arte.)

Lee argumenta que los Asiáticos-Estadounidenses tienen una ventaja de éste “estereotipo promisorio”—la idea que se ve a través de los ojos del estereotipo positivo puede servir como un refuerzo del desempeño. En su investigación, ella ha encontrado que los estereotipos positivos acerca de los Asiáticos-Estadounidenses son reforzados en las escuelas por los maestros, los consejeros y los administradores. En algunos casos, los estudiantes Asiáticos que obtuvieron calificaciones mediocres en la secundaria, fueron ubicados en clases avanzadas en la preparatoria de cualquier modo. (La promesa del estereotipo puede tener un efecto negativo también; los Asiáticos-Estadounidenses quienes no dan los mismos resultados, se sienten como extraños.)

Al comparar diferentes grupos étnicos y su lugar en la sociedad, Lee usualmente utiliza una analogía del baseball. Los Asiáticos-Estadounidenses, comenta, tienden a terminar en la tercera base de la vida. Pero “sus padres están tan bien educados, que parece que van a superar a la tercera base,” dice Lee. “pero todo lo que realmente vemos es que han llegado a la tercera base. No quiere decir que no trabajaron duro para llegar ahí. Lo hicieron. Pero tuvieron ciertas ventajas que otros grupos no tienen.”

Los Mexicanos-Estadounidenses, comenta Lee, comienzan desde atrás del inicio (home). “En el sentido que llegan (a los Estados Unidos) mucho menos educados que los Estadounidenses promedio, tienen mucho más trabajo que hacer para poder llegar al menos al lugar en donde inician los Estadounidenses promedio. Para los Mexicanos-Americanos, la realidad es que lograr que sus hijos lleguen a primera o segunda base es un progreso enorme.”

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